Nota mental

16/05/2013 § Dejar un comentario

Nunca dependás de una sola persona para hablar de tus problemas y pedir consejo porque, cuando estos tengan que ver con ella, no sabrá que hacer.

Casi casi

28/04/2013 § Dejar un comentario

La semana pasada pasé por 2 grandes momentos en los que quise escribir un post… y casi los escribo.

Eso de reprimir las ganas de escribir por no quedar mal es feo. En serio.

Casi casi

28/04/2013 § Dejar un comentario

La semana pasada pasé por 2 grandes momentos en los que quise escribir un post… y casi los escribo.

Eso de reprimir las ganas de escribir por no quedar mal es feo. En serio.

Santo Viernes

29/03/2013 § 1 comentario

La procesión salía a las 9 pm. Él estaba ahí desde temprano. La ruta era nueva, pasarían por lugares que antes no recorrían. El Viernes Santo no faltaba a ver las alfombras y a la procesión del Santo Entierro. Y si, ella también estaría ahí; radiante, única, bella.

El Santo entierro inició con la solemnidad del caso. Todos se formaron detrás de las imágenes, después del coro y del clero. Ellos iban lento, cantando y riendo. Nada raro se pintaba en el ambiente. En algún momento del camino sus pláticas fueron cambiando de tema, fueron subiendo de tono. Se tomaban de la mano, porque el camino estaba oscuro. Se abrazaban, porque el viento estaba frío. Se insinuaban, porque era ahora o nunca.

A medio camino fue el primer intento. Él lo dudaba. Quería pero no sabía como. Hizo un comentario, casi disculpándose al mismo tiempo, invitando a pasar a la casa de su hermano, que estaba en el camino.

- “Ok, vamos”
*pokerface*

Ella sonreía. Él temblaba. Ella lo tomó del brazo. Él apenas podía respirar. No quería hablar, no sabía que decir. Lo que dijera, sería usado en su contra. Podría demostrar indiferencia, ella creería que él iba confiado y soberbio, o demostraría su emoción y alegría! [Quería saltar y decir ¡Al fin!, pero va!!! el glamour ante todo], se imaginó un millón de cosas, no sabía que pasaría, no sabía si aceptaría, no sabía si ella querría…

Llegado el momento se separaron del grupo, pero iba aquel, porque siempre hay uno. El niño no entendió el mensaje de ‘ya te alcanzamos’ y se fue detrás. A esa edad, quiero creer, en su inocencia no quiso quedarse solo entre ese montón de gente. Ambos se veían y no sabían como mandarle de regreso sin sonar pesados. Siguieron caminando y al llegar a la casa las cosas no podrían estar peor: Las putas llaves no abrían la puerta.

Él intentaba y no pudo. Ella intentó y fue inútil. Las miradas y sonrisas delataron un aire de ansiedad y decepción. Resignados, regresaron y alcanzaron la procesión. Surgió una plática improvisada, incoherente, tonta, nerviosa. Ninguno quiso hacer referencia a que estuvieron a punto de estar a solas sin que sus padres preguntaran en donde estaban.

Más adelante, él la llevó a su casa. Buscaba una excusa para tener un par de minutos a solas con ella. Todos salieron, ellos regresaron a la casa a tomar agua y fue entonces, que en un arranque hormonal, comenzaron a juguetear. Pellizcos, mordidas, besos, empujones y jalones. Una mano en la cintura, otra en el cuello, aquella en la espalda y la última bajando por las caderas, debajo del pantalón.

“Mirá lo que ando”, susurró. Apenas se retiró de él y, de perfil, mostró una delgada línea que rodeaba esa blanca piel con pecas de su cadera. Él se paralizó, algo explotó en su estómago y sintió como una marejada de sangre caliente subía por su rostro; la mente se puso en blanco y, cual buen puberto, pensó “hoy si”. Ella sonrió de nuevo, complacida por su reacción. Sabía que lo había atrapado.

El camino nunca pudo ser más hermoso. Era como caminar entre nubes. Sonreía por todo, subía la voz, luego susurraba. Sufrió un repentino ataque de incoherencia gramatical. No podía encontrar las palabras para decirle que pasaran a su casa, ya que ella estaba sola. Enmudecía cada vez que lo intentaba. Los nervios lo mataban, sentía que sudaba, sus manos le temblaban. sus piernas no las controlaba, no sabía que le pasaba. Le asustaba, pero le gustaba.

Fue entonces que ella tomó el control. “Vamos”, dijo, “Aún falta por terminar y nadie notará que no estamos”. Lo jaló y lo llevó al pasaje que lleva a su casa. Eran ya pasada la media noche. Coincidieron, casualmente, en estar cansados y necesitaban reposar. Entraron a la habitación principal y buscaron la manera de ponerse cómodos. Había que parecer cortés y guardar los modales (o no parecer urgidos, en todo caso).

Pero poco duró el derroche de etiqueta. Había una imponente fuerza entre esos flacos cuerpos. Eran una bomba de tiempo. Una chispa, un roce, haría explotar como pólvora y dinamita a esos 2. Y así fue. Causará gracia y ternurita imaginarlos. A esa edad, todo es algo nuevo. Y lo que hicieron o como lo hicieron; donde posaron sus manos o como enredaron sus piernas; que cuantas veces o por cuanto tiempo; el calor de la habitación y el puto ruido de las patas de la cama fue la experiencia de su vida. De su vida.

Juventud, Divino Tesoro.

¿porqué?

11/02/2013 § 5 comentarios

Salimos un domingo al mediodía a almorzar, celebramos con los niños el cumple de mi esposa. La pasamos genial y regresamos avanzada La tarde.
Noté a una chera, unos 16 quizá, estaba sentada en la entrada del pasaje antes del nuestro. No la reconocí, pero me dió igual y seguimos hasta la casa. Salimos rápido a casa de mis padres pues aún faltaban sorpresas para mi esposa y, resulta, que la chera aquella ahora estaba en la entrada de mi pasaje. Raro.
Un pastel sorpresa, una fiesta sencilla y de regreso a casa. Mi madre iba a misa y nosotros a descansar. Más tarde, antes de dormir, me llama mi madre comentando lo raro de la chava que, segun ellos, estaba en esa zonde desde antes del mediodia. “Deberíamos preguntarle si ya comió o almenos ofrecrele agua”, comenté, pero se rieron y me regañaron. “Ve, si algo pasa más que me va a quedar en la consciencia”, concluí.

Días después, me sorprende una noticia. Encontraron a una chera muerta en una barranca cerca de la colonia. Me invadieron los escalofríos, era ella. Nadie sabe que pasó, nadie la vió, nadie la conocía. Simplemente apareció muerta de manera brutal, según dijeron los policías.

Como suele suceder, todo quedó en el olvido pronto. Las cosas siguieron igual en casa, o casi igual. De repente me agarró aquella sensación que alguien me veía, que alguien me seguía. Un par de veces, al volver a ver hacia las habitaciones, me parecía ver que alguien entraba. Pilas de uno de tanto ver tele. Poco a poco se hizo constante. Empecé a encontrar las cosas en lugares diferentes. Otras personas en la casa comentaban que sentían que algo raro estaba pasando. Nadie lo quería aceptar, pero empezabamos a asustarnos.

Hasta que un día vi que entró alguien a la habitación principal. Le hablé a mi esposa pues era la única que estaba conmigo dentro e la casa aparte de la nena, que dormía en esa habitación en ese momento; pero no, no había nadie más que la nena dormida. Había un aire frio circulando en ese cuarto y podía escucharse una respiración profunda y agitada que  venía quien sabe de donde. Fué cuando una voz aguda, pero áspera, dijo: “¿porqué?”. El cuerpo se me congeló. No podía ver hacia atras, me paralicé. Apenas había luz en la habitación, comenzaba a caer la noche y la poca luz de sol que entraba por la ventana me mostró una silueta en una esquina, junto al armario. Era una figura delgada, sucia, pelo largo y enrredado que cubría su cara.

Lloraba y balbuceaba. Caminó hacia la nena y quería ordenarle para que se detuviera pero mi cuerpo no respondía. De alguna manera, grité: “¡Que putas querés con ella! ¡no te le acerqués!”. De un salto apareció frente a mi. Me miraba directo a los ojos. Si, era la chera que murió unos días antes y que estuvo cerca de mi casa.

the grudgePudiste hacer algo -dijo- podías hacer algo…
¿Que podía hacer? -respondí- yo que sabía…
AAAAHHHHHHHH!!!!!! gritó tapándose los oidos y poniéndose de cuclillas.

La nena se despertó, comenzó a moverse. Yo, me cagaba moría del miedo. Se levantó y caminó a la orilla de la cama. Miró a la nena fijamente. Yo quería detenerla, intentaba de mil y un maneras de pedir ayuda y de gritar nuevamente, todo en vano. Pero ella me entendía, lo sé. Parecía que sabía lo que quería decir aun cuando solo lo pensaba.

- ¿porqué?
– No la toqués
– ¿porqué?
– nunca pensé que algo podría pasarte, fue sin querer
– ocuparé su lugar
– ¡¡¡DEJALA EN PAZ!!!
– un cuerpo por otro cuerpo
– ¡no la toqués! ¡no la toqués!…

Yo lloraba. Ella se subió a la cama, susurraba y maldecía. Se acercó a la nena y justo cuando iba a agarrarla, la nena lloró. La cosa esa saltó hacia la pared, se retorcía y buscaba donde esconderse. Yo caí de rodillas en el piso y de alguna manera llegué hasta a la cama. Tomé a la nena, la abracé fuerte y no se si rezaba, si le decía que la iba a cuidar, si pedía ayuda, si le gritaba a eso que se fuera y nos dejara en paz, si hacía todas al mismo tiempo.

Mi corazón casi estallaba, respiraba como si había corrido una maratón. Lloraba y le cantaba algo que no recuerdo a la nena para que se calmara. Le besé la frente y, entonces, una mano tocó mi hombro. ¡mierda!, exclamé.

Papá, ¿podemos salir con la bici un rato?

Mi hijo quería jugar con sus primos. “perate, ya salgo“, respondí. Él, fue por la bicicleta; yo, me levaté de la cama con aquella sensación de no saber si estaba despierto o dormido. Si acababa de salir de unapesadilla o si acababa de entrar a un sueño diferente. No se que sucedió. No se si sucedió. No se porque quiero escribir este post. No se siquiera si escribí este post.

Cosas q uno no debería escuchar mientras almuerza

29/12/2012 § 1 comentario

Era ya tarde y tenía hambre. Me metí al Pollo Real cerca de Galerías y busqué un lugar donde conectar el cargador del cel. Eso me llevó a la esquina del fondo donde estaba la única conexión.
A la chera en la mesa al lado le cae una llamada al cel, dice que llegará tarde pues almuerza con una amiga de despedida de fin de año y no sabe a qué hora se desocupará. El chero con el que está le dice, suave y en broma, ‘Hola,amiga’ mientras sonríe con gozo de culpa y ella hace señas para que guarde silencio mientras se despide con un ‘adiós amor’.
El pollo rostizado, entonces, ya me supo sentimientos encontrados.

Navidad

24/12/2012 § Dejar un comentario

Por: Leonardo Boff

La Navidad es siempre oportunidad de volver al cristianismo originario. En primer lugar, existe el mensaje de Jesús: la experiencia de Dios como Padre con características de madre, el amor incondicional, la misericordia y la entrega radical a un sueño: el del Reino de Dios. En segundo lugar, existe el movimiento de Jesús: de aquellos que, sin adherirse a alguna confesión o dogma, se dejan fascinar por su saga generosa y radicalmente humana y lo tienen como una referencia de valor. En tercer lugar, están las teologías sobre Jesús, contenidas ya en los evangelios, escritos 40-50 años después de su ejecución en la cruz. Las comunidades subyacentes a cada uno de los evangelios elaboraron sus interpretaciones sobre la vida de Jesús, su práctica, su conflicto con las autoridades, su experiencia de Dios y sobre el significado de su muerte y resurrección. Sin embargo, cubren su figura con tantas doctrinas que resulta difícil saber quién fue realmente el Jesús histórico que vivió entre nosotros. 

Hoy tendemos a decir que ninguna Iglesia puede apropiarse de Jesús. Él pertenece a la humanidad y representa un don que Dios ofreció a todos, de todos los rincones de la Tierra.

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