El perro cazador de cuzucos

29/12/2009 § 12 comentarios

Lago de CoatepequeCuentan que un señor tenía un perro bien entrenado para cuidar del ganado y de la casa en la finca donde vivía allá en Santa Ana, cerca del Lago de Coatepeque. No recuerdo el nombre exacto del lugar.

La cosa es que a ese maistro le enculaba salir a cazar. Se llevaba a un par de cheros y uno de sus hijos, el más rudo de los 5  (tenia 3 varones y 2 hembritas) porque ni iba a la escuela ni hacia nada el huevón, mas que se le podía hacer marero.

En una de esas, para navidad, habian salido a buscar cuzucos. El perro era de los vergones para seguirlos y atraparlos. Esperaron un buen rato cerca de la madriguera del animal que buscaban y se echaron una media que el patrón tenia guardada.

De repente, que el chucho se levanta y sale con todo detrás del cuzuco. Corrieron todos para alcanzarlos pero les sacaron una buena ventaja. El cipote como corría más rápido que los viejos alcanzó a ver que el perro estaba escarbando en otra salida de la madriguera del cuzuco. Escarbó, escarbó y por más que lo llamaron, lo esperaron, le metieron humo a la cueva y de todo lo que se les ocurrió… el perro no salió.

El patrón pasó ahuevado por varios días, se puso deprimido y hasta se puso bien a verga para fin de año. Ese perro para él era lo mejor que había tenido en la finca desde que era bien morrito.

El maistro era bien católico, tanto así que se fue a Guatmala para la celebración del Cristo Negro y pedir por el alma del perro perdido. Dicen que el maistro iba llegando a la placita que está en frente de la iglesia cuando de repente el piso empezó a temblar, se movían las cosas y algunos se caían y cuando de pronto se abre la tierra y puta que aparece un cuzuco en guinda y detrás el perro del patrón en plena cacería…

Pero el pobre cuzuco ya no aguantaba y al salir fue a chocar con unas botijas que estaban vendiendo y se cayó. El perro entonces le cayó encima y le dijo:

– Ajá hijueputa, que creias que te me ibas a escapar…
– Nombre al suave, no te claves.

El dueño del perro le chifla y este rápido reacciona. Lo vé y lo reconoce, agarra al cuzuco del cuello, lo envuelve en una de esas mantas chapinas y se lo lleva al dueño y le dice:

– Puta, si me costó agarrarlo pero aquí está.
– Y como hiciste? Como aguantaste tanto?
– Ah! Es que cuando escarbabamos encontramos un rio de arroz con leche y de ahí agarre fuerzas para seguir a este cabrón, pero ya estuvo.
– Bendito sea Dios. Venite, te voy a dar algo de comer…

Así contaba mi padrino, JJ, Que en paz descanse.

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