Memorias

25/01/2011 § 1 comentario

Nos llenamos de risas y caricias. No hubo espacio en esa casa que no supiera de los 2. Debatimos sobre como resolver los problemas del mundo y sin pudor alguno recorrimos aquella habitación… pero todo eso ya pasó. Fue un fugaz anhelo, algo efímero.

Algo tan veloz e impetuoso que no tiene explicación pero yo, que tanto me clavo en los detalles, aun tengo frescos los suyos. porque su voz no vibra en mis oídos ni su mano sostiene más la mía; su pelo no abanica al aire a mi alrededor ni su cuerpo comparte su calor con el mio; sus ojos no se esconden de mi mirada ni su nariz juega ya con la mía. Las pecas de su espalda, cual estrellas en el cielo, siguen presentes en mi mente. Las curvas de sus caderas al ritmo de sus pasos aun impactan mi psique. Su estatura era ideal para darnos el abrazo perfecto. Sus senos de tamaño y forma soñadas. Su sensualidad… Su respiración…

Dejamos de hablar del amor y lo hicimos realidad.

Recuerdo las razones que teníamos para vernos. Las ciertas y las inventadas. Su espontaneidad al responder y la manera en que veía las cosas. Su inocencia detrás de esa máscara de guerrera. La peculiar forma de expresarse, de no distraerse, de no perder el ritmo y no ahuevarse aun cuando pareciera imposible… hoy, trato de justificar el porque, y saben? no existen razones válidas. Aquella historia se disolvió en el mundo real. Estuvimos tan cerca pero tan lejos.

Nuestras pieles se fundieron en deseo una a la otra. Noches intensas tienen un lugar especial en mi memoria. Pero todo el sentimiento quedó aislado en un mar lejano, porque hoy yo estoy muy lejos de donde ella está. Porque la extrañé por mucho tiempo, porqué se que la defraudé. Y sucede que uno se encuentra en sintonía con ciertos sentimientos, se reconocen, se sienten… pero nos llenamos la boca de palabras que quedan en eso, en palabras. Aquella historia bien formaría parte de una telenovela.

Nos consumieron las buenas frases y los buenos deseos. Me abatió la razón por sobre lo que el corazón gritaba. Me perdí entre lo que debía y lo que quería hacer. Las dudas y el temor me atacaron y aquella ilusión llegó a su final. Quería que lo entendiera pero yo mismo no podía hacerlo. Tarde, entiendo el error que cometí… sin embargo su recuerdo vive como un álbum ilustrado, donde subliman recuerdos, caricias, buena vibra y lo bien que la pasamos.

Guardar estos gratos recuerdos puede ser un oasis entre tanta angustia pero nunca será lo mismo si no se hace abrazados a una cintura, a su cintura, ni jugando con su pelo. Si no se le roba otro beso ni se puede celebrar su cumpleaños como uno quisiera hacerlo…

Hay cosas que no sabes si fueron un sueño o realidad, pero atesoras ese recuerdo muy dentro de vos… y das gracias por lo que has vivido.

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